Un paseo mágico
Uno de los lugares que siempre he querido visitar en otoño es La Selva de Irati, y por fin este año 2011 lo he cumplido :-).
La selva de Irati es un enorme hayedo-abetal, uno de los mayores de Europa, situado entre los valles de Aezkoa y Salazar.
El acceso es bastante fácil y en Ochagabía, uno de los preciosos pueblos de la comarca (Valle de Salazar), podréis informaros en el Centro de Interpretación de la Naturaleza -no tiene pérdida, está situado en la carretera que atraviesa el pueblo y que es el camino principal a los bosques-.
Como os decía, el otoño creo que es la mejor época para visitar este maravilloso paraje. En mi caso, nos pateamos el Sendero del Bosque Zabaleta, que nace justo al lado de la caseta de forestales donde os informarán amablemente de las rutas que podéis seguir a partir de allí.
Porque es mágico, y como todos los lugares mágicos, tiene sus propias leyendas :-). Irati es escenario de seres mitológicos como las lamias, mitad humanas y mitad bestias, que peinan sus cabellos en regatas escondidas. No sé por qué, cuando leí algo de esta leyenda me vinieron a la mente desde las típicas sirenas de mar, hasta las hadas de los bosques.
Basajaun, el Señor del bosque, tiene en Irati compañera, Basandere...
Y en las noches ventosas, dicen que vaga el alma errante de Juana de Albret, reina navarra que murió envenenada.
Ciertas o no, estos bosques son sencillamente espectaculares y consiguen que todos tus sentidos se abran: vista, olfato, tacto al sentir la ligera humedad y la brisa que murmura entre las ramas, o al sentir la calidez de los rayos de sol que se cuelan entre las hojas de los altísimos árboles.
Por cierto, los árboles que predominan son las hayas y los abetos, que en muchas ocasiones veréis que alcanzan o superan los 30 o 40 m. de altura. El Roble también está presente, en algunas ocasiones con un entramado de ramas que bien parece una coraza de "pinchos" ya que todas nacen del tronco madre y se extienden como si se dispararan hacia el exterior.
Pero mis favoritas son las hayas, esos árboles elegantes que exhiben sus delicadas ramas coronadas de hojas en horizontal, como miles de pequeños paraguas. Con sus troncos rectos, estilizados y elegantes, son las principales responsables de los mil tonos de ocres y rojos que son tan típicos del otoño.
Porque si algo tiene Irati en otoño es el color. Impresionante la cantidad de tonalidades que puedes encontrar. Probad a contarlas!!
Seguir escribiendo sobre estos bosques sería seguir sumando adjetivos con los que transmitir las mil y una sensaciones que me quedaron grabadas en la memoria, en la piel.
Seguramente repita, seguramente.


