Indescriptible!
¡Cuando la cocina se hace arte! Sin palabras nos quedamos en el Corral del Indianu.
Cocina tradicional pero revisitada con una originalidad maravillosa y una maestría apabullante.
El lugar es precioso y ya no me refiero solo a Arriondas que también (merece una visita con Descenso del Sella o sin él) me refiero al restaurante en sí.
El comedor precioso, una decoración minimalista pero muy cálida y cuidada. El patio, zen y vegetal, con un verdor asturiano en el que dan ganas de quedarse para siempre a charlar con amigos rodeados de tranquilidad. El olor, los colores, los pequeños detalles… imposible poner una pega.
El trato no pudo ser mejor, en todo momento nos sentimos acompañados en cada plato, explicándonos, aconsejándonos vinos y pendientes de que no nos faltara nada y de cada detalle, siempre desde la distancia y la prudencia. Una jefa de sala excepcional y exquisita.
Pero nada de eso sería importante si la comida no fuera tan sublime. Y lo es.
Pedimos el menú Sensaciones, que es menos completo que el menú degustación, pero simplemente maravilloso.
La originalidad de los platos, la combinación de sabores, esa maestría para encontrar texturas perfectas y el equilibrio de un menú donde los entrantes brillan con la misma generosidad que los principales o los postres, solo puede estar ideado y ejecutado por un artista en mayúsculas.
La cocina asturiana es rica y versátil, y la mejor prueba de ello es este menú que rebosa tradición y originalidad a partes iguales. La capacidad para reinventar los sabores tradicionales de mi tierra y que resulten sorprendentes y reconocibles al mismo tiempo al paladar no puede estar mejor representado.
Experiencia inolvidable y que repetiré. Y que no me cansaré de aconsejar una y mil veces. Si pasáis por Asturias, tenéis que pasar por el Corral del Indianu, parada obligatoria.
Y por cierto, hasta el precio es una grata sorpresa. Totalmente justificado y acorde con lo que recibimos. La cordura y la genialidad, una vez más de la mano en este paraíso gastronómico.


