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Monumento al Holocausto

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133 opiniones sobre Monumento al Holocausto

El laberinto del recuerdo

Es curioso cómo un lugar puede parecer tan aislado, tan silencioso, tan emotivo aún estando en el pleno centro de una megaciudad como Berlín. Parece que el terreno donde se levantó hubiera estado ahí siempre, esperando ese momento de homenaje.

A dos pasos de la muy simbólica puerta de Brandenburgo, este gigantesco espacio que ocupa lo que en su tiempo fue una manzana ocupada por casas y palacetes, rompe la línea alta y horizontal que crean los edificios a su alrededor, lo que aumenta considerablemente el primer impacto visual.

No recomiendo contarlas porque creo que es un trabajo duro e innecesario, pero los 2711 bloques de hormigón de diferentes alturas, crean un laberinto no sólo físico sino también emocional en el que algunos visitantes juegan a perderse, otros reflexionan sobre el Holocausto Nazi y la mayoría se toma unas fotos que luego se perderán en la memoria.

Pero el monumento es más que eso. Planeado con minuciosidad y rediseñado en múltiples ocasiones ( el arquitecto tuvo 17 años para modificarlo en lo que se debatía en el gobierno la conveniencia o no de seguir recordando el genocidio), los grandes bloques que se levantan sobre un terreno ondulado que representa el duro camino que sufrieron los judíos durante el gobierno hitleriano, nos conducen por múltiples caminos donde brilla la cálida luz o la negra sombra nos hace sentir un frío de muerte y desesperación.

Permanecer un buen rato en el centro de este laberinto de hormigón puede llegar a desorientarnos, a confundirnos e incluso hacernos sentir claustrofobia...Y ese es el sentimiento que debió sentir el pueblo judío cuando sin un por qué, sin una razón se les llevó a la aniquilación más absoluta.

Bajo él encontramos una oficina de información donde se proyectan continuamente sobre las cuatro paredes los nombres y datos de los más de seis millones de judíos que sufrieron la persecución y muerte durante el Holocausto. Es imposible no sentir su agonía. Es necesario el recuerdo para que no vuelva a ocurrir.
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En memoria de la barbarie

Excelente

Pocos monumentos construidos en recuerdo de víctimas, trasmiten un sentimiento tan profundo como éste. Solemne y sobrecogedor, paseando por él te invade una intensa sensación de soledad. Situado en el centro de la ciudad, está compuesto por 2711 losas de hormigón que ocupan una superficie de 19.000 metros cuadrados. Las losas tienen distintas alturas y están diseñadas para crear una atmósfera incómoda y confusa.

+2

Continente con contenido

En las últimas décadas, los museos se están dando cuenta de que para explicar la historia hay mejores formas que mostrar un mapa o exponer una maqueta. Si esta tendencia es cierta podríamos considerar a este museo uno de sus primeros y mejores exponentes en el mundo.

El Museo Judío abrió sus puertas en 1999 y desde entonces, muchos otros han seguido su ejemplo, tales como el Museo del Levantamiento de Varsovia (2004) o el Museo de la Paz de Hiroshima (2008). A todos ellos los podríamos considerar museos vivos, cuya propuesta arquitectónica es tan importante como lo que contienen y en los que el visitante debe salir con la sensación de haber “sentido” más que con la de haber “aprendido”. Se trata de museos interactivos, vivenciales en los que el visitante no puede conformarse con mirar, debe tocar, andar y escuchar.


En el Museo Judío de Berlín la arquitectura y sus cuidadas simbologías muestran y enseñan más sobre la situación de los judíos en Alemania que cualquier vídeo o fotografía de las que hasta entonces se habían expuesto.

Y es que los pasillos inclinados que hay que recorrer provocan la sensación de asfixia, inestabilidad y angustia que los judíos sintieron en esa Alemania que era para ellos un laberinto sin salida. Las grietas que cruzan la fachada parecen querer denunciar esa parte de la historia que dejó cicatrices reales en todo un pueblo. Penetrar en la Torre del Holocausto y encontrarse en una estrecha habitación a oscuras por la que sólo entra una débil luz por la parte superior crispa los nervios de cualquiera. Pasear sobre las caras de hierro que chirrían bajo nuestros pies es aterrador a la parte que inevitable… Pero si algo destaca en este museo por encima del resto es el vacío, la ausencia que todos esos judíos berlineses desaparecidos dejaron en la ciudad. De hecho, durante los primeros años este museo estuvo abierto al público completamente vacío, sin exhibir ninguno de los contenidos que años más tarde llenan sus salas y es que el propio edificio cuenta lo que ese museo quiere contar.

Tras una visita al Museo Judío de Berlín el visitante no sabe más sobre qué ocurrió con el pueblo judío pero sí intuye toda esa angustia y desesperación que ese período de la historia de Alemania provocó.
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Información Monumento al Holocausto