Una visita gastronómica obligada
Si hay algo que nos gusta a los aficionados de la fotografía, es el visitar el mercado central de turno de cada ciudad que visitamos. Y si ya eres un "foddie", no hace falta decir más. Pues bien, llegamos a Tarragona justo un mes después de que reabrieran su famoso mercado central, mercado que llevaba casi 10 años en obras, estando durante todo este tiempo instalado en una carpa provisional junto al original.
Estamos ante un edificio de corriente modernista construido en el año 1915 (tal y como se puede leer en su fachada) y se hizo con el objetivo de centralizar todos los puntos de ventas que había repartidos por la ciudad. Vamos, lo que viene siendo el típico mercado principal lleno de puestos de fruterías, pescaderías, carnicerías, especerías, etc. Con una superficie de 75 m de largo y 35 de ancho, el arquitecto Josep Maria Pujol i de Barberà diseñó un interior con columnas de hierro colado, eliminando muros y proporcionando más luz y amplitud. Al tratarse de una edificio modernista, no le iban a faltar detalles, como las rejas de las cuatro puertas de acceso, la tipología de las letras o la cubierta revestida de cerámica.