Una cena de lujo
Esta semana he vuelto a Cantabria, después de casi dos meses sin ver a mi familia. La ocasión merecía una cena especial, y con ese objetivo nos dirigimos a "Los Raqueros", un restaurante estupendo situado en pleno centro de Santander, muy cerca de Puerto Chico.
Antes de nada, conviene aclarar el curioso nombre del local: "Raquero" es la palabra con la que se designaba a los chavalines marginales, en muchos casos huérfanos, que a finales del siglo XIX frecuentaban el puerto de Santander, y que sobrevivían gracias a las monedas que los curiosos les lanzaban al agua para ver cómo se arrojaban a por ellas. Esta palabra, cántabra a más no poder, ha quedado anclada en el vocabulario de la tierruca, y ahora se usa para designar a cualquier chico joven (o no), pillo y maleducado. No habrán sido pocas las veces que mi madre me ha regañado con un "¡Pero qué raquera eres!" =P.
Pero volvamos al tema que nos ocupa: el restaurante. Por suerte, el ambiente del restaurante "Los Raqueros" poco tiene que ver con los pillines que le dan nombre. Se trata de un local elegante, acogedor, con un servicio exquisito y unos platos a la altura.
Como ejemplo, diré el menú que nosotros elegimos esa noche, y del que podréis ver todas las fotos en la galería:
Para picar, pulpo braseado sobre espuma de patata. Sencillamente: ESPECTACULAR. Yo soy una fanática del pulpo, y no pierdo ocasión de comerlo siempre que puedo... pero éste, concretamente, estaba para mojar pan (¡y lo hicimos! esa espuma de patata no podía quedar ahí...)
Los platos principales de cada uno de los comensales fueron "Secreto Ibérico" para el padre, "Alcachofas confitadas" para la madre, "Lubina en salsa de carne" para la hermana menor, y "Taco de atún rojo en salsa agridulce" para una servidora.
Aunque sólo puedo hablar del atún, que fue lo único que tomé, por las caras, gestos y gemidos de mis acompañantes me juego el brazo a que sus platos estaban igual de buenos que el mío. Por mi parte, el atún rojo me encantó; de las cosas más sabrosas que he comido últimamente (viviendo sola en Barcelona, normalmente no puedo permitirme estos lujos... qué se le va a hacer =P): poco hecho, con un ligero aire "japonés" (por el pedazo trozo de wasabi que, sin quererlo, me metí de golpe en la boca, y que me hizo sufrir hasta hacerme saltar las lágrimas, creo que era el efecto pretendido) y sobre todo, muy muy sabroso.
Aunque no puedo decir a cuánto ascendió el precio de la cena con el vino, etcétera (esta vez no pagaba yo), como referencia os diré que las entradas rondaban los 15-17 euros (el pulpo y las alcachofas) y los platos principales, los 20.
En definitiva: una noche redonda: por el estupendo restaurante, y sobre todo por el hecho de ser la invitada, jijiji. ¡La próxima vez que vaya a casa, me aseguraré de repetir!
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