Un paseo maravilloso
Visitar las RAMBLAS pudiera parecer describir un RINCÓN sumamente común y falto de originalidad, pero para muchos viajeros, es y seguirá siendo un paseo maravilloso. Podremos visitarlo una y otra vez y continuaremos manteniendo esa fascinación que sentimos la primera vez, cuando las conocimos.
En lo personal conocí Barcelona y sus Ramblas en el año 1976. En esa época, España era España...Y Cataluña era menos Cataluña que hoy. A decir verdad, para los extranjeros que visitamos Barcelona es un poco difícil entender que visitas un sitio con doble personalidad; pero eso es parte del encanto de esas tierras.
Hoy BARCELONA es el corazón de Europa y el lugar favorito de la gente joven que acude a vivir la experiencia cosmopolita en una ciudad antigua y señorial. En esta ocasión llegué por barco a Barcelona y me maravillé de conocer el nuevo edificio del puerto que recibe a los cientos de miles de visitantes anualmente.
La verdad es que cada vez que la visito está más bella y con un mejor ambiente que ofrecer al turista. Es verdad que ha perdido un poco el espíritu tan típico que sólo se vivía en Las Ramblas...Todo único, irrepetible e irremplazable: su gente tradicional, sus flores, los pintores y artistas exhibiendo su obra, sus puestos con fruta u otros artículos de la región... Y sus turistas disfrutando de una España llena de recuerdos.
Ahora uno encuentra una atmósfera internacional, abierta, diversa, original, alternativa y muy divertida. Lo mismo te topas con las famosas estatuas humanas que representan la magia creativa de los jóvenes, o grupos de apoyo o protestas a una X causa; arte, cultura, tiendas, comida; ahora, ser extranjero es el común denominador entre la gran cantidad de paseantes que hacen presencia las 24 horas del día y de la noche.
Como siempre lo hago, me hospedé en un hotel frente a la primera Rambla, muy bien ubicado pues me permite desplazarme a otros sitios interesantes de Barcelona. Cada día, al regresar al hotel después de hacer algunas visitas, me daba tiempo para recrear mi espíritu paseando de nuevo a lo largo de la Rambla, hasta llegar al monumento a Colón, y buscar un buen restaurante (que por cierto abundan) para cenar y tomar la copa.
Esta vez visité el Acuario y el Centro Comercial Maremágnum, el cual es excelente opción para hacer algunas compras; y como es costumbre, regresé a México muy feliz por haber visitado nuevamente esta hermosa ciudad tan llena de encanto.


