Paz en la megalopolis
Los Jardines de Hama Rikyo Teien son un remanso en la actividad febril de Tokyo y un buen ejemplo de los contrastes que genera esta ciudad y la sociedad Japonesa.
Cercano a la lonja de Tsukiji, es una buena idea pasear por este precioso espacio verde para relajarnos de la sobredosis de acción que habremos podido observar en ese mercado.
Se accede por un puentecito sobre un canal y hay que pagar 300 yenes por entrar (unos 3€) que merecen mucho la pena. Con la entrada se incluye un mapa un una audioguía que los amables empleados del recinto se encargarán de explicarte. Eso si, ¡no hay en español!
En mi opinión, el jardín más bello de Tokyo, se le llama también el Jardín Separado del palacio y en otros tiempos era territorio exclusivo de shogunes, los señores de la guerra del Japón medieval (su medievo dura hasta el siglo XIX).
Es un verdadero placer pasear. Fuimos en verano, que en teoría no es el mejor momento para visitarlo, bajo un plomizo y triste cielo gris. Aún así, llaman la atención los mil detalles que resaltan las formas de arbustos, árboles, estanques, canales...todos buscando el equilibrio perfecto para que la unión de todos sus elementos creen un paisaje único que quede grabado en la retina del visitante.
Además, llama muchísimo la atención ver este espacio verde como una especie de oasis de armonía natural rodeada de los innumerables rascacielos tokiotas.
Un punto interesante es la casa de te que hay en medio del lago. Digamos que ofrecen una ceremonia del te, versión light. Desde luego no se puede acercar a la tradicional, de varias horas de duración y todo un arte en si misma. Sin embargo es mucho más accesible (la muchacha que nos preparaba el te se defendía bien en inglés) y nos acerca un poco a una tradición que sería mucho más difícil de compartir si no tienes a un lugareño a tu lado.


