Ignacio Izquierdo
Este hotel rural es pura historia y ha...
Este hotel rural es pura historia y ha sabido conservarla y renovarse a su alrededor. Comenzó siendo un molino en el siglo XII para siglos después en el XIX convertirse en una fábrica textil. Todos estos vestigios pueden verse todavía pues se conserva parte de la maquinaria dotando a la casa rural de un precioso encanto. La zona además es una preciosidad, tranquila, en un valle entre montañas, que yo personalmente aproveché para salir a correr y disfrutarlo.
El hotel no tiene muchas habitaciones, solo 12 dobles y una suite, por lo que es bastante tranquilo, como toda la zona, una opción fantástica a 35km para desconectar y relajarte. Las habitaciones son muy grandes y cómodas con un baño enorme.
Nosotros cenamos y desayunamos allí y se notaba el cariño puesto en cada plato. Vamos que acabamos chupándonos los dedos. Comida de la zona, con productos ecológicos, con una filosofía de slow food y kilómetro cero. Una fantástica manera de conocer la gastronomía local sin perder las nuevas tendencias en la cocina. El desayuno por su parte es muy completo.
Por supuesto reseñar la calidad del servicio. Es un gozada charlar con Carles y que te cuente historias del molino y de la zona. Absolutamente recomendable.
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