En medio de la nada
Cerca, tan cerca que casi lo podemos tocar desde la habitación, se encuentra el Fosshotel Vatnajökull del glaciar del que toma el nombre. Sólo lo separa una infinita carretera y una enorme extensión de verdes pastos y algún que otro montoncillo de árboles.
De lo que no hay duda es de que es el perfecto lugar para el descanso, de que fue diseñado para integrarse en el paisaje de esta zona del sudeste islandés, para disfrutar de un entorno único y realmente espectacular.
Precedido de un extenso aparcamiento, el hotel de clara inspiración nórdica, recuerda un poco a los establecimientos de montaña que construyera en los años 60 la compañía Sheraton a lo largo y ancho de Estados Unidos, grandes espacios cubiertos de madera en el exterior combinados con acero y cristal, perfectamente sintonizados y camuflados con la Naturaleza que lo rodea.
Pero dentro la cosa cambia, un espacioso hall que es el centro del hotel, da paso a un comedor a varias alturas donde se sirve un exquisito buffet de especialidades islandesas, como pescados en salmuera, embutidos varios y como no, la exquisita leche de la isla, por no hablar de una bollería sabrosa y recién hecha.
Las habitaciones llevan el nombre de glaciares y volcanes de la isla, alineadas a los lados de unos pasillos en cemento crudo, un poco fríos para mi gusto. Eso sí, el diseño nórdico es una constante en todo el hotel, y las estancias no iban a ser menos, baños en pizarra y acero, comodísimas camas de confortables edredones y la sorpresa de un acceso directo a los jardines, que son ni mas ni menos que la misma pradera donde se levanta el hotel.
Desde luego que es un hotel que recomendaría sin lugar a dudas, sobre todo por su situación estratégica a la hora de visitar el glaciar y por supuesto por el diseño y la comodidad de sus instalaciones.
Eso si, recomiendo no abrir mucho la puerta de "los jardines", ya que nuestra habitación se puede converit en un auténtico muestrario de bichitos y bichotes varios que acuden a la luz y al calor de nuestra sangre del sur, calentita como los edredones que nos protegen del frío del glaciar.


