Ignacio Izquierdo
Incrustrada en la montaña
Esta ermita es todo sorpresas. La primera, por encontrartela en mitad de la montaña, incrustada en un desfiladero y a donde sólo se puede llegar andando o bastante cerca con la ayuda de un todoterreno. La segunda es por su interior, de corte barroco en una ermita ergida donde se encontró la virgen:
”Habiendo un caballero militar de los que guarnecían el vecino castillo de Loarre, salido a caza por aquellos montes y sierras con un halcón, soltólo contra una perdiz distante. La cual huyendo de su cruel enemigo, se arrojó dentro de la mencionada hondura a donde en seguimiento de la perdiz prosiguió su vuelo el halcón.
Hizo éste allí tan larga mansión sin volver a las manos de su dueño, que temeroso de perderlo este, comenzó a hacer las diligencias para recobrarlo. Quiso bajar a aquella hondura, mas siendo por entonces imposible, dispuso que bajase un criado atado a una larga soga. Llegó este a lo profundo y allí como misterioso, sobre maravilloso retablo compuesto de una pomposa zarza, en cuyo lado derecho estaba la imagen de Nuestra Señora y en el siniestro la perdiz viva, como bajo el sagrado de aquella Reina Soberana; y así, aunque ladeada del halcón, libre de su crueldad, pues éste, como olvidado de su sangriento instinto parecía estar como suspenso y admirado de ver en tan oculto sitio un tan hermoso espectáculo: pero más lo admiró el devoto cristiano, viendo allí unidas la sombra y la luz, a María Santísima y la zarza, para desempeñar en término de Aniés la gran misión de Moisés en el monte Oreb.
Volvió el caballero, como noticioso ya de aquel tesoro, más feliz a su casa. y comunicando a los cristianos tan feliz noticia fueron en procesión al sitio, y sacando de él la imagen la trasladaron a la antiquísima iglesia de San Pedro Apóstol, que por entonces había en la raíz de dicho peñasco: hoy sólo hay vestigios de ella y de algunas fábricas vecinas, que en Aniés entienden haber sido de templarios: de que es no pequeña conjetura ser hoy Aniés encomienda de caballeros de San Juan, que sucedieron a los del Temple en muchos bienes y lugares.
Afirma la misma tradición que desde dicho templo de San Pedro se restituyó la imagen, una o mas veces, al cóncavo de aquel peñasco donde fue hallada por el criado y caballero, por lo cual, venerando los de Anies la expresada voluntad de Nuestra Señora, le erigieron devotos en aquel cóncavo la iglesia en que hoy se venera: por estas últimas circunstancias debe llamarse aparecida dicha santa imagen, por más que las primeras sólo insinuasen hallazgo milagroso."
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