Lo leí en algún lugar pero mi memoria n...
Lo leí en algún lugar pero mi memoria no es fuente fiable. Se trata de una casa construida a principios de siglo veinte por un discípulo de Gaudí y que, si desde fuera recoge un poco, en un modernismo humilde, los nuevos aires que traía el siglo, por dentro su colorido y luminosidad no deja dudas de que la casa tuvo que ser una revolución arquitectónica singular en la Mérida tradicional.
Hoy en día el edificio es propiedad de la Junta de Extremadura. Imagino que aquel joven del siglo que mandó su construcción, acabó arruinándose o despilfarrando su dinero y que no quedó más remedio que vender el pequeño palacio modernista al gobierno regional. Las habitaciones se han convertido en despacho y los salones en salas de reuniones. Nada que ver, imagino, la función actual de la lámpara de araña que aún perdura con la que debería tener en sus tiempos de fiestas y bailes.
Me gusta la fachada, singular y original entre fachadas simples y aburridas. Coronada, para su vergüenza, por banderas para demostrar que ya no es lo que era, que ahora es casa de funcionarios y empleados en sus horas de trabajo. Quizás una princesa modernista despatriada se pregunta, desde lejos, en el exilio, por qué los suspiros se escapan de su boca de fresa.


