Un lugar para entrar y perderse entre confidencias y delicatesen!!!
Este distinguido, famoso y placentero lugar que me recuerda a la película francesa del mismo nombre, es un increíble espacio en el que sentarse a platicar, compartir una merienda, un almuerzo, un pacífico desayuno o un casi pantagruélico té, disfrutando de la antigua casona tan bien puesta en una de las esquinas más céntricas de la ciudad y dentro del casco originario de la misma, es un lujo que puedes darte sin remordimiento alguno.
Lo que tiene de bueno para mí también es que no es un lugar al que ir en grandes grupos porque perdería su esencia de intimidad y complicidad como las que se tiene con amigas de toda la vida. Allí las tortas, tartas, alfajores y demás delicias son para desmayarse. Las comidas son rápidas y llevan una delicada preparación con productos naturales y de excelente calidad.
Tomate tu tiempo para ir, sentarte, disfrutar del bellísimo decorado, sus coquetas tazas de té de diferentes juegos cada una de ellas, los exquisitos cafés con leche o las variadísimas infusiones que ofrecen. También si prefieres almorzar tienes una gran variedad de tartas con diferentes ensaladas, exquisitos creppes.
Una pequeñísima calesita, de esas muy antiguas que aún se ven en muchas plazas del mundo, decora la antigua balanza enlozada y las pantallas que iluminan el lugar son de mimbre trenzado natural. Si quieres puedes comprar alguna lámpara, frascos de dulce casero agarraderas y algunas otras cosas bellas más de las que venden y son bellísimas. Se encuentra abierto de lunes a viernes de 9 a 20 hs y los sábados de 9 a 13 y de 17 a 20 hs.


